La actualidad, lo cotidiano, el mundo de las letras, la música, el fútbol, el cine, los afectos,
vistos desde una perspectiva cargada de extrañeza, algo irónica, irremediablemente melancólica.







jueves, 20 de marzo de 2008

Crónica nº 15: Carta abierta a Joaquín Sabina (marzo 2006)

Mira, Joaquín, antes que nada me gustaría aclararte que no tengo nada personal en tu contra. No soy uno de tus admiradores incondicionales, es cierto, pero reconozco que, en general, me gustan tus canciones (algunas de ellas, incluso, me parecen realmente excelentes). Además, tú me caes simpático. De manera que no te predispongas mal hacia mí por estas líneas que te escribo: no me mueve, al hacerlo, ningún fanatismo inquisidor.

Te preguntarás, entonces, a santo de qué las escribo. Pues bien, digamos que lo hago con el fin de denunciar una flagrante injusticia de la que somos víctimas decenas de miles de hombres argentinos. Una arbitrariedad enojosa de la cual -por cierto- no eres el culpable sino apenas la excusa o, en todo caso, el detonante. Me refiero a una serie de ingratas consecuencias que acarrea este curioso fenómeno (¿social?, ¿cultural?, ¿sexual?, ¿sentimental?) que te tiene por feliz protagonista, este amor fervoroso y desbordante que te profesan las mujeres. Me refiero, Joaquín, a ciertas amargas derivaciones de este frenesí femenino colectivo que excede largamente el insatisfactorio argumento sociológico de la relación entre el público y sus ídolos, esta devoción situada a años luz de la histeria que despiertan un Ricky Martin o un Chayanne. Porque, Joaquín, convengamos que lo que esas mujeres sienten por tí es un enamoramiento mucho más sustancioso que una excitación de quinceañeras hacia el galancito de moda.

Ignoro hasta qué punto eres igual al personaje que construiste a través de tus canciones. No sé, tampoco, si la construcción de ese personaje fue algo premeditado o si la cuestión se escapó de tus manos. No importa; en cualquiera de los casos, lo que cuenta es que miles de mujeres te adoran hasta el delirio. ¿Te muestras vago, noctámbulo y atorrante? Ellas te veneran igual. ¿Te dices cínico y escéptico? Ellas te lo perdonan. ¿Te confiesas militante de todos los excesos? Ellas te lo consienten. ¿Te reconoces pecador reincidente? Ellas te absuelven. Peor aún: manifiestan con descarado entusiasmo sus intenciones de ir al infierno contigo.

Como comprenderás, Joaquín, la situación de todos los hombres que no somos tú es radicalmente diferente. Lejos estamos de gozar de los mismos privilegios con que las damas te han ungido. Aquí, en los trabajosos parajes de la cotidianeidad, imitar tu filosofía de vida constituye una osadía que se paga con intereses usurarios. Una noche de parranda escandalosa con amigos puede costar un abandono aún más escandaloso. Un elogio desmedido hacia la delantera de Carla Conte o la retaguardia de Pampita puede despertar impredecibles efectos secundarios. Un comentario sarcástico sobre la vida en pareja o la institución matrimonial puede provocar hirientes reprimendas, más punzantes que un bisturí. Dime, Joaquín, ¿por qué a ti las mujeres te festejan lo que a nosotros nos cuestionan? ¿Por qué suspiran cuando declaras cosas que, puestas en nuestra boca, sólo generarían la más incontrolable de las iras o el desprecio más tajante? ¿Por qué tus vicios son ensalzados como virtudes y los nuestros -que son tan parecidos a los tuyos, fíjate tú qué paradoja- son causales latentes de divorcio? ¿Por qué te prefieren, Joaquín, aunque tú te empeñes en encarnar el manual viviente de los malos maridos?

Podrás decirme que ahí radica justamente el meollo de la cuestión: que tú no eres el marido de todas ellas, y que ellas tampoco te quieren para que lo seas. Ya lo explicó Balzac: "Es mucho más fácil quedar bien como amante que como marido, porque es mucho más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días". Buen punto, sí, pero las cosas no son tan sencillas. Porque te aseguro que ni aun jugando el rol de amante ocasional podemos aspirar a obtener un beneplácito equivalente. ¿Qué pasaría si intentásemos dibujarle a alguna señorita un corazón debajo de su falda? Seguramente recibiríamos a cambio una contundente bofetada o una denuncia por abuso deshonesto. ¿Y si incitáramos a alguna casada infiel a que utilizar el cristal de su foto de bodas para el último gramo, o le propusiéramos a una dama merendar besos y porros? Nos mirarían horrorizadas, nos insultarían, nos tildarían instantáneamente de abyectos y de enfermos. Y sin embargo a ti, por escribir cosas como éstas, te idolatran. No hay derecho, hombre, no hay derecho.

Un amigo aficionado a incurrir en reflexiones cuasifilosóficas me dijo hace poco, tratando de consolarme, que tal vez las mujeres se entusiasman con tus planteos sólo porque los haces en tus canciones, y no en el contexto de una relación real. Se preguntaba mi amigo cómo reaccionaría cualquiera de tus admiradoras si, al llegar del super protestando por el precio de la carne, tú la recibieras atajando su indignación con un cortante "no me pidas llegar a fin de mes". Tal vez tenga razón; tal vez tu función sea justamente ésa: ocupar el rincón de la fantasía en el corazón de miles de mujeres. Quizás las ayudas a reflotar ilusiones vencidas, a apuntalar secretos anhelos, a vengar íntimas frustraciones. Puede ser; la hipótesis parece atinada. Pero no evita que nos sigan midiendo con distinta vara. Y cualquiera sabe que es imposible competir exitosamente contra las fantasías.

En un par de semanas te irás de la Argentina, y el alboroto que has causado con tu visita seguramente se apagará. Sé, sin embargo, que nuestra incómoda posición no variará en absoluto después de tu partida.
Ellas no se olvidarán de tí, Joaquín.

Ni aunque vuelvas a estar lejos.

Ni aunque pasen diecinueve días y quinientas noches.

3 comentarios:

Alicia dijo...

Juaaa... maravilloso!!!! Y cierto, para ser sincera. Un abrazo

Florencia dijo...

Para mi Joaquín expresa lo que muchas mujeres sienten sin el valor de decirlo, yo lo admiro y espero rotundamente que “no huyas como peste” al saber esto...
Respuestas como "Será que también tienen su corazoncito y también necesitan aspirar un gramo de poesía, por devaluada que esté" son las que hace que cualquier oyente de sus músicas diga "Que Grande" aun mas cuando lo remata con una picara respuesta "Y así yo me acerco a ellas, que son bien guapas, je je."



Yo no te venero, pero te admiro Joaquín y con 17 años puedo decirte que tus canciones que llevan consigo a tipos impresentables, los típicos "Ganadores" y de doble vida que aparecen irrumpiendo en la vidas de "chicas de bien" o inclusive chicas con calle...
son lo que hace que mas de una mujer escuchando tus canciones pueda dejar escapar una sonrisa, lagrima y inclusive una gesto de aceptación (moviendo su cabeza)


Gracias Joacko! por tan bellas canciones!
Mis mejores deseos y espero que nos sigas colmando de muchas mas melodías...




y si alguien pudice hacer llegar esta carta a Joaquin, las palabras de agradecimiento me quedarian chicas!

fernanda dijo...

soy mujer... y uno de los misterios del cosmos es qué le ven a Sabina los que le ven algo... buena tu nota, pero te quedaste corto....