La actualidad, lo cotidiano, el mundo de las letras, la música, el fútbol, el cine, los afectos,
vistos desde una perspectiva cargada de extrañeza, algo irónica, irremediablemente melancólica.







jueves, 20 de marzo de 2008

Crónica nº 13: La carta de Antonella (diciembre 2005)

Aclaración previa:

Marta Goddio es docente en la Escuela nº 46 "Bernardino Rivadavia" de la localidad de Candioti (ubicada unos 20 km. al norte de la ciudad de Santa Fe). A lo largo del presente año lectivo, y en ejercicio de una tarea tan paciente como amorosa, Marta propuso a sus alumnos de 4to año EGB (un grupo de 15 niños/as de 9 y 10 años). un abordaje interdisciplinario de dos obras literarias: la novela "Lambrusco", de Horacio Rossi, y el cuento "Paralelas", de un servidor. Su iniciativa tuvo tal repercusión entre los chicos, que los resultados obtenidos superaron ampliamente sus propias expectativas iniciales, y nos han dejado perplejamente maravillados a los dos autores involucrados.
El pasado sábado 10, Horacio y yo fuimos a Candioti, especialmente invitados al acto de fin de año organizado por la escuela, en cuyo transcurso los chicos de 4to llevaron a cabo una ingeniosa representación teatral de mi cuento. Mucho se podría hablar acerca de la amabilidad que nos brindó la gente del pueblo, de la notable tarea desarrollada por Marta, o de las desbordantes muestras de cariño que recibimos de parte de los chicos (Lucas, por ejemplo, se abrazó a mis largas piernas y a las de Horacio y, con su carita iluminada por la alegría, le dijo a su maestra "¡Conseguí dos amigos!"). Pero lo que me mueve a escribir estas líneas es una anécdota maravillosa que paso a compartir con ustedes.

La carta de Antonella
Los chicos de 4to habían leído y releído mi cuento "Paralelas", lo habían comentado y debatido, habían trabajado con la maestra de Plástica sobre la historia que en él se narra, plasmando en pequeños dibujos y grandes láminas lo que el cuento les sugería. La señorita Marta propuso entonces que me escribieran cartas para invitarme a que los visitara, para contarme las sensaciones que les había dejado la lectura, y para hacerme los comentarios y/o preguntas que se les ocurrieran. Inmediatamente y con gran entusiasmo, todos los chicos se pusieron manos a la obra. Todos... menos Antonella, que retorcía nerviosamente su birome y no lograba pasar del primer renglón. Intuyendo que algo raro ocurría, la señorita Marta se acercó a ella y le preguntó si había algún problema. Sin mirarla, la nena se limitó a menear la cabeza en sentido negativo. No conforme con esa respuesta gestual tan poco convincente, la señorita Marta volvió a preguntarle si le pasaba algo. Entonces, Antonella no aguantó más y rompió en llanto. Después, levanto sus ojitos llorosos y, entre sollozos, explicó:
-¡Es que no sé qué palabras usar para decirle que lo quiero mucho!